Enmudece la tarde,
ya no hay prodigios
calla la tierra
con todos sus secuaces
han logrado lo inimaginable.
Desprecian a la vida
se vuelven locos
las almas ya en huida
y no son pocos
Con unos fierros
maceran tus huesos
con una lanza
tazan tu carne
Eterno amor,
que no se acaba,
emanan de tus heridas,
tus llagas y de tu sangre

No hay comentarios:
Publicar un comentario